El pasado enero tuve la oportunidad de participar en un curso de formación sobre trabajo con sombras en República Checa.
Durante nueve intensos días, logramos explorar nuestros miedos y partes escondidas mediante prácticas y conciencia corporal, y otras metodologías experienciales. Más que hablar de las "sombras" como un concepto abstracto, se nos invitó a conocerlas directamente, a observarlas, sentirlas y darnos cuenta de cómo viven en nuestro cuerpo.
Si bien este proceso puede ser emocionalmente intenso, estoy muy agradecida por el espacio que me dí para explorar las defensas que, en un momento, se crearon para protegerme. El trabajo con sombras no consiste en eliminar estas partes ocultas, sino en reconocerlas de manera consciente y decidir si aún nos sirven y qué lugar queremos darles en nuestra vida presente.
Un gran descubrimiento que muchos de los participantes compartimos es que algunas de las emociones pesadas que llevamos no necesariamente fueron creadas en nosotros mismos. También pueden haberse heredado, absorbido e internalizado a lo largo del tiempo y las generaciones. Cuando no podemos expresar o procesar nuestras emociones, estos tienden a encontrar otros canales de salida, a veces mediante síntomas físicos que pueden incluso resultar en enfermedades. A su vez, estas emociones pueden reflejarse en la manera en que nos relacionamos con los demás. Comprender esto trae alivio, ya que nos permite reprocesar el dolor y ponerlo donde pertenece, en lugar de cargarlo inconscientemente afectando a nuestra vida.
También exploramos cómo nuestro cuerpo reacciona en diferentes situaciones a través de historias, psicodrama y trabajo arquetípico. Al hacernos conscientes de nuestras respuestas automáticas, fuimos capaces de observar cómo nos tratamos a nosotros mismos y a los demás cuando nos sentimos amenazados.
Además de la intensidad emocional, también disfrutamos de momentos de creatividad y conexión muy bonitos: canciones improvisadas, poemas y dibujos sobre nuestras experiencias, bailes junto a la chimenea, y actividades de "playfight" donde transformamos conflicto interno en conexión de una manera consciente. Estas prácticas me recordaron que el trabajo psicológico no solo ocurre mediante la percepción o conocimiento, sino que se despliega y experimenta en nuestro propio cuerpo y en las relaciones.
Esta experiencia fue tremendamente potente tanto en el plano personal como profesional. Este tipo de dinámicas requieren una gran apertura y honestidad con nosotros mismos, haciendo obvio cómo el crecimiento personal muchas veces requiere la valentía de mirar a aquéllo que tendemos a evitar.
Encontrarte con la parte "oscura" puede ser incómodo e inquietante. Pero también puede ser el comienzo de una relación más honesta y beneficiosa con uno mismo.
Y ahí es donde empieza el cambio.
Enormemente agradecida a Czech INspire y todo el grupo por sostener un espacio tan seguro y nutritivo.