Muchas veces me encuentro con ciertos tipos de patrones en las relaciones.
Parejas aparentemente sanas desde fuera (estables, divertidas, admiradas), pero que ocultan infelicidad bajo esa capa. Como una sensación de soledad que no son capaces de explicar.
Puede que esta persona y tú (si es el caso) tengáis planes cada semana, os reís juntos, las personas os dicen que hacéis buena pareja. Pero sientes que te falta algo.
A veces un miembro de la pareja tiene una idea muy clara de lo que quiere para su futuro (reconocimiento, estabilidad, niños, un estilo de vida determinado). Y la otra persona intenta encajar en esa visión.
¿Qué ocurre cuando somos elegidos mayormente por lo que podemos aportar? A priori, esto puede sonar maduro, responsable y lógico.
Pero hay una gran diferencia entre apreciar las cualidades de una persona y posicionar a esa persona dentro de tu plan de vida.
Así, cuando elegimos desde el objetivo, nuestra atención se centra en aspectos como:
¿Puede esta persona proporcionarme la vida que yo quiero?
¿Reúne mis requisitos?
¿Encaja con el futuro que yo me imagino?
Y no hay nada de malo en preguntarse esto. El problema es lo que dejamos de lado:
¿Esta persona me mueve realmente?
¿Tengo curiosidad por ella/él, más allá de lo que me pueda ofrecer?
¿Hay conexión real, o sólo conveniencia?
En el otro lado de la relación, es común sentir confusión. Puedes sentirte valiosa/o, incluida/o, elegida/o. Pero no realmente vista/o. Porque no te pueden ver como eres, sino por lo que aportas a la vida de la otra persona.
Las conversaciones se vuelven superficiales, y no queda espacio para tu mundo interno. Tampoco para experimentarse el uno al otro como los seres humanos que realmente sois.
Seguramente no exista un mal trato, y eso hace el problema difícil de identificar.
Pregúntate a ti misma/o:
¿Por qué me siento sola/o si todo parece correcto?
No se trata de culpar a ninguna parte. Elegir desde el objetivo puede crear una sensación de control. Y el control nos protege de la incertidumbre, el rechazo y el caos. Quizás, en algún momento de tu vida este control fue la mejor manera de sentirte segura/o.
Y si repetidamente terminas en relaciones donde no te sientes vista/o y escuchada/o, eso tampoco es casualidad. Los roles
And if you repeatedly end up in relationships where you feel unseen, that may not be random either. Familiar roles feel safer than unknown ones. If adapting yourself once helped you belong, you may still be doing it — even if now it hurts.
When fear starts shaping the relationship more than presence does, connection slowly fades.
Real connection can awaken unprocessed parts of you, and that’s uncomfortable.
To truly meet someone requires letting go of the illusion that you can engineer the perfect outcome. It means allowing the other person to exist beyond the role they play.
And it means allowing yourself to take up space.
So I would like to ask you:
Are you choosing from presence — or from fear?
Are you allowing yourself to be loved as a whole person — or mainly for how well you fit?
Because control feels safer. But it also keeps you slightly alone. Sometimes what feels like maturity is actually protection. And protection, if left unquestioned, can shape the relationships we create.